Amanece pronto y la luz entra sin pedir permiso. No hay persianas como ahora, ni cristales perfectos: la claridad se cuela por donde puede.
Es el número 16 de la calle San Antonio (la que hoy llaman Alcarria, en el barrio de España en Valladolid), donde las casas nunca terminaban de estar del todo acabadas. Siempre había un ladrillo por colocar, una pared a medio revocar o una idea pendiente para cuando hubiera tiempo… o dinero.



