Terminaba 1969 y, yo estaba a punto de cumplir veinte años. A esa edad uno empieza a pensar que ya gobierna su propia vida, aunque en la España de entonces había ciertas decisiones que seguían estando en manos del Estado. Una de ellas llevaba uniforme, duraba muchos meses y tenía un nombre que toda una generación conocía perfectamente: la mili, el Servicio Militar Obligatorio.
Sabía que la llamada estaba próxima.Y llegó. El 28 de febrero de 1970, el Ayuntamiento de Valladolid me envió la correspondiente Papeleta de Citación. El Servicio Militar Obligatorio dejaba de ser algo que les ocurría a otros para convertirse en una realidad con mi nombre y apellidos.


